Un joven ha muerto apuñalado en una reyerta ocurrida dentro del ámbito de un macrobotellón organizado para celebrar la entrada de la primavera. Hasta ahí, la noticia. ¿Después? Después llega el tremendo dolor ante una muerte despiadadamente incomprensible.
No pretendo hoy centrarme en el análisis del fenómeno del “botellón”, ni resaltar sus aspectos peyorativos y menos aún, hacer ningún tipo de generalización, porque ni siquiera todos los que acuden a estas fiestas lo hacen con la misma finalidad, ni lo llevan a cabo de la misma manera. Que, afortunadamente, hay muchas clases de jóvenes.
Pero sí hay dos cosas en ello que me preocupan, que no acabo de entender -y no es problema sólo de edad - y que creo que afectan a una parte importante de la gente joven que se suma a esta forma de ... ¿diversión?
La primera: el objetivo del botellón parece ser – y no en menor proporción – el alcohol. Y de manera casi compulsiva, descontrolada, embarullada; se trata de pasarlo bien y para ello hay que beber, sin que importe cuánto. Pedir medida a la juventud fue, desde siempre, algo inútil por la propia esencia de esa etapa de la vida. Pero hoy, además, sienten muy pocas limitaciones.
Una segunda: la normalidad con que ellos aceptan –y la sociedad en general también – que para salir en determinados ambientes hay que llevar una navaja en el bolsillo, o un “defensor” en el coche. Por desgracia todos sabemos que es demasiado frecuente el fenómeno. Otra cosa es que nos cueste afrontarlo.
Por una parte, un intento serio de despersonalizarnos. Por otra, una aceptación real y premeditada de que la vida de cualquier persona puede que no valga tanto. Y da pánico esta mezcla.
Por una parte, un intento serio de despersonalizarnos. Por otra, una aceptación real y premeditada de que la vida de cualquier persona puede que no valga tanto. Y da pánico esta mezcla.
Por el número de intoxicaciones y comas etílicos en chavales de muy poca edad producidos en estos ambientes; por los casos ya ocurridos como el que comentamos, aunque no dejen de ser esporádicos, bien merecería que los propios jóvenes, padres, medios de comunicación y autoridades tomaran iniciativas serias al respecto.
Porque la primavera es vida. Y la juventud , primavera de la vida, su símbolo; que no muerte nocturna, ebria y premeditadamente traicionera.


