Hoy quiero hablaros de D. Inocencio, el cura de este pueblo.
El primer día que le vi, lo recordaré siempre, estaba en el banco que hay en la plaza de la Iglesia, frente a su casa. Son unos bancos muy bonitos, con cerámicas y allí se sienta él, cuando el tiempo deja, ya por la tarde y empezamos a llegar los chiquillos corriendo. Y eso me llamó a mí la atención el primer día. Yo veía que iban todos corriendo cuando le veían para besarle la mano… y es que él siempre deja en la tuya un caramelo que se ha sacado antes del bolsillo de la sotana. Así que yo también corría. Después ya es que le coges cariño y sales corriendo le veas donde le veas.
Bueno, pues ya cuando estamos allí a su alrededor en el banco de la plaza se pone a contarnos historias y, sobre todo, a hacer juegos. Por ejemplo: nos sabemos casi todos prácticamente el santoral de todo el año. Él pregunta: “A ver: ¿qué santo es el día … 25 de abril?”. Y cada uno va contestando el santo que le parece, hasta que uno dice: “¡San Marcos!” Y entonces D. Inocencio le da un caramelo. Y luego otro y otro…Así nos pasamos un buen rato, que él no se cansa de estar con nosotros.
Otras tardes nos mete a todos en la sacristía y allí jugamos a las siete y media con él. Nadie tiene que poner dinero, él lleva la cuenta de lo que vamos ganando y perdiendo y nadie toca ningún dinero hasta que él considere que, a lo mejor, un niño lleva ya ganado algunas perrillas que puedan venir bien en su casa. Y entonces se las da, pero para eso. Y los demás, a seguir jugando y pasándolo bien.
También nos pone cine de vez en cuando en la sacristía y ahí vamos los grandes y los chicos, todo el mundo. Que si El Gordo y El Flaco y cosas de esas que nos gustan.
Una de las fiestas que más me gustan aquí es la Nochebuena, además de los Reyes pero eso ya lo he explicado. Es que, cuando se acerca Nochebuena, vamos todos por ahí por el campo, por los alrededores del pueblo a buscar musgo, porque hace un portal de Belén en la Iglesia que es el más grande que yo he visto.
Con unas tablas se traen el altar mayor hasta abajo de las escaleras y todo ese espacio se convierte en un inmenso Belén con no sé cuántas figuritas, ríos, montañas, árboles, patos, casas… Tiene bastantes figuras que se mueven (yo no las había visto antes) y es que, por lo visto, lleva ya mucho tiempo comprando cada año figuras nuevas, pero que no son pequeñitas, que las hay bien grandes. Y lleva luces por todos los sitios, dentro de las casas, en los palacios..
Luego, cuando ya llegan los días de fiesta, se enciende todo en la Misa y tiene que estar debajo metido el electricista del pueblo para cuidar de que no haya ningún problema y salga algo ardiendo. ¡Es precioso encendido! Nosotros nos quedamos con la boca abierta porque, además, hemos ayudado a hacerlo, que veníamos todas las mañanas o tardes que nos llamaba para ello, así que disfrutamos de lo lindo.
Por cierto, por Nochebuena lleva mi padre a casa una botella de licor de guindas que hacen en la fábrica de aquí y no veáis lo bueno que está. Él no nos deja que bebamos el licor, porque dice que es aguardiente, pero sí nos pincha con una aguja de punto alguna guinda y ¡te vas a la cama más calentito con el frío que hace aquí…! A mi hermana, aunque es todavía muy pequeña, también le gusta y de vez en cuando le dejan comer alguna guinda.
Otra cosa muy bonita es cuando hacemos la primera comunión. Además de la catequesis, el día antes nos lleva a la sacristía para que ensayemos cómo tomar la Sagrada Forma, que no la podemos tocar con los dientes, ni masticarla y, además, desde esa noche hasta que comulguemos no podemos comer nada, hay que estar en ayunas. Después ya, cuando hemos hecho la comunión, nos llevan a todos los niños al Casino y allí nos dan un desayuno con chocolate y churros. Yo la he hecho sin que pudiera estar mi padre, que está en el Hospital Militar en Sevilla con una picadura de las chinches de los cochinos y lleva ya allí un montón de tiempo.
Bueno, otro día os contaré algo que me ha pasado con D. Inocencio este año, pero hoy ya estoy cansado, que me tiene la mano destrozada tanta caligrafía de la escuela. ¡Y todavía dice D, José que mi letra es un desastre!