En mi entrada de 30 de abril, manifestaba mi inquietud y mi preocupación por la situación real de nuestro país y proponía una nueva visión ante las ,entonces, inminentes elecciones municipales y autonómicas.
Pocos días después nacía un movimiento juvenil que recogía inquietudes y sembraba ilusión y algo de esperanza ante este panorama. Escribí al respecto una entrada - Democracia Real Ya - manifestando, por una parte, alguna desconfianza; por otra, mi adhesión a sus principios. Volví a insistir en el tema con las entradas "El gran concierto" y "Democracia FC", recogiendo las inquietudes que me iban naciendo con el desarrollo de este movimiento así como los temores que, a la vez, se iban generando.
Hoy se anuncia en los medios que "los indignados" de Sevilla piensan seguir en la Plaza de la Encarnación y tienen prevista para el próximo día 11 de Junio una manifestación ante el Ayuntamiento con motivo de la toma de posesión de los nuevos ediles. En otras ciudades- incluida la mía - también se hará lo mismo, acompañado de cacerolada.
No han podido hacer esto antes, ni parece que lo puedan hacer después, algunos días después. Y surgió el problema: mi edad y mis pocas neuronas me impiden creer en este tipo de casualidades.
Empecemos por el principio. Indignados lo que se dice indignados estamos muchos, más de lo deseable, en nuestra nación. No pocos de ellos hasta venimos pagando con nuestro trabajo, con nuestro paro o nuestras pensiones las veleidades, el despilfarro, cuando no la más cruda corrupción de nuestros dirigentes, lo que hace que el nivel de la indignación se eleve aún más.
Somos no pocos también los muy indignados con determinadas organizaciones sordas, mudas, pero beneficiadas ante el deterioro de una situación que, ciegos, no han querido en ningún momento ver a pesar de que todo el mundo era consciente de lo que estaba sucediendo. Pero sus intereses estaban en otro sitio. Y los que pensábamos de otra forma y los que lo decíamos en voz alta pasábamos a engrosar el indefinido número de antipatriotas o fachas.
Lamento que un movimiento que ha generado tantas expectativas de ilusiones -algunas eran mías- termine haciendo lo que otros ya han demostrado de sobra saber hacer y que, sin duda, sabrán hacer mucho mejor, por lo que no le veo mayor utilidad a un nuevo grupo, salvo que sean capaces de volver a virar al norte de la brújula del 15M que presentaron, suponiéndola real.
Por último, una confesión: me temo que mi concepto de democracia esté obsoleto, que se dice ahora. Habiendo hablado con bastante claridad, y hace escasamente dos semanas, el pueblo llamado a urnas, no acabo de entender lo que algunos puedan pretender, el 11-J precisamente, con el ruido de las cacerolas.
No sé; a lo peor sí lo entiendo.
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