sábado, 9 de abril de 2011

GUANTE BLANCO

Una joven de 25 años se ha conformado con dos años de cárcel por robar 860 euros de una iglesia situada en el Paseo del Duque de Mandas de San Sebastián, tras un proceso de mediación penal por el que ya ha devuelto parte (470€) del importe sustraído (860 € ) a los responsables de la parroquia. Además, la mujer deberá indemnizar a la parroquia con los otros 390 euros restantes.

Esa es la noticia  que me llamó la atención, algo resumida. Y la transcribo tal cual por si alguien aún es de la idea de que en nuestro país nadie devuelve lo robado. Sirva pues de constatación.                         

Conozco gente que opina que ninguna persona debería estar en la cárcel por robar. Si lo hicieron para comer, proclaman, habrá que procurar que puedan trabajar con dignidad para poder cubrir esta necesidad vital suya y de su familia y, si conviene al caso, exigir un proporcional resarcimiento del daño social causado. Si se hizo para lo que podíamos llamar “capítulo de varios”, pues habrá que procurar que devuelvan lo robado y trabajen y paguen con su trabajo el resto, si lo hubiere, más los gastos que genere el necesario resarcimiento social. Porque  – arguyen – condenándolos a cárcel no solamente no recuperamos lo robado sino que, además, hemos de correr con los gastos de su estancia carcelaria, cosa que, por una parte, no se desea a nadie así, sin más y, por otra, sube bastante los Gastos Generales del Estado, en este caso de manera innecesaria según su teoría.

Se me vienen a la memoria meses y meses de telediarios llenos de cantidades que ni se me ocurre escribir – porque se me escapan de los márgenes y, sobre todo, de mi capacidad de cálculo mental – saltando de robo en robo, malversación en malversación, comisión en comisión,atraco en atraco y demás figuras lingüísticas al caso y no soy capaz de recordar ni una sóla aclaratoria de la parte o el todo devuelto por sus “segundos propietarios” una vez apresados éstos. Y me hubiera gustado, la verdad.

Ahora veo que, en efecto, esa posibilidad existe.

Escuché muchas veces a mi padre decir que lo que no se podía hacer entonces era robar bellotas para comer, porque ibas a la cárcel. De ahí para arriba, añadía, ya era otra cosa. Eran, como podréis deducir, otros tiempos. O mejor aún: esto era hace muchos años; porque no sé si, en esto al menos, estamos en otros tiempos.

1 comentario:

  1. Siempre he recriminado la diferencia de trato por parte de la Justicia, entre el pequeño malhechor, a veces por necesidad, del "enchaquetado" corrupto, que no sólo no devuelve nada de lo robado sino que, en la mayoría de las ocasiones, no se le imputa ni responsabilidades penales. Espero que algún día esta situación cambie.

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