Enero, 1954.- He estado muy ocupado. Veréis:
Primero lo de la Escuela y la Cabalgata. Es que en este pueblo hay un jaleo enorme con la Cabalgata de los Reyes Magos. Toda la gente participa y me decían que era precioso. Ya voy a la escuela y los niños están nerviosos con la Cabalgata. Yo no entendía lo que pasaba, pero todos se van a vestir de pajes, de moros.. se prueban las ropas cuando les llaman.. y a todos les entregarán los Reyes el regalo que hayan pedido. Eso lo hacen en la plaza. El caso es que casi no se habla más que de ello.
Total, que un día por la mañana vino al Cuartel a no sé qué un señor que es médico de aquí, Don Domingo se llama. Y me vio y me preguntó si estaba a gusto en el pueblo y en la escuela y todo eso y yo le dije que sí, pero que todos mis amigos se iban a vestir, y que yo, como habíamos llegado tarde, no podía. Y él se echó a reír y me dijo que no me preocupara.
Por la tarde me llamaron para probarme el traje de moro, así que ¡me puse más contento...! no pude dormir esa noche. Y tuve que escribir la carta de prisa para pedir lo que quería. Total, que he salido en la Cabalgata con todos los amigos. Mi madre me puso papeles de periódico por dentro de la camisa, en el pecho, para que no pasara frío, que es por la noche y aquí hace también mucho, como en Mirabel y luego, en un corral que hay al lado de Marcial, el herrero, que de allí salíamos, me pintaron la cara de negro con un corcho quemado.
Lo de la Cabalgata no soy capaz de contarlo. Es precioso. Dicen que es una de las mejores cabalgatas de España.Yo iba nervioso perdido pero muy contento, mirándolo todo, me faltaban ojos para atender a todas partes: las carrozas, los Reyes,las bandas de música, los villancicos que cantan aquí, que son muy bonitos, con todo el pueblo en la calle... A mí me tocó detrás de una carroza y los que iban arriba no se movían en todo el recorrido, quietos,quietos. Nunca había visto algo así. Luego nos dieron a todos los niños nuestro regalo, cada uno teníamos un número. A mi, un parchís. Bueno, vine a casa loco de alegría y cansado de todo el tiempo que duró, así que me acostaron rápido, aunque tardé en dormirme porque no se me cerraban los ojos.
Mi habitación está más adentro que la de mis padres. Y no sé a qué hora sería me desperté porque encendieron la luz y oía a mi madre quejarse. Entró mi padre a verme, pero me hice el dormido porque estaba asustado: a mi madre le pasaba algo. Luego sentí que entraban algunos guardias y luego vino otro señor que no conocía, D. Antonio, el otro médico de Higuera. Y a mi madre le pasaba algo, así que me metí debajo de las mantas y de la almohada y me tapaba los oídos, estaba muy asustado... hasta que sentí llorar a un niño chico. Yo no sabía qué pasaba, pero se fueron calmando todos, o yo me fui quedando dormido, no lo sé.
Cuando me desperté por la mañana porque sentía a gente que entraba y salía de casa... me llevaron a ver a mi hermana, que había nacido esa noche. Y mi madre ya estaba bien, aunque en la cama y muy cansada, no sé lo que le habrá pasado. Mi hermana tiene el pelo muy rizado, es muy bonita y muy chiquinina. Yo estoy muy contento por lo de los Reyes de ayer y por lo de mi hermana. Hoy comeré en casa de uno de los guardias y me quedaré allí con ellos todo el día, aunque iré a ver a mi madre y a mi hermana de vez en cuando. Voy cada dos por tres y me quedo allí a su lado mirándola para ver si abre los ojos y me mira y, de paso, miro a mi madre, a ver si se pone bien pronto.
¡Ah!, de la Escuela, el Maestro dice que todo bien, pero que tengo la letra muy fea, así que me manda hacer cuadernos de caligrafía y me duelen las manos de tanto escribir, pero bueno.
No sé, me siento raro, nervioso. Me han pasado muchas cosas en todos estos días.
Me acuerdo perfectamente de ese día; también me vestí de paje y mi padre fabricó una espada de madera, pintada con purpurina plateada, que coloqué en el cinturón de tela. Eras un paje muy original con con la cara negra y las gafas... Creo que a pesar de los papeles, pasamos mucho frío. También recuerdo lo de tu hermana, pero porque tú lo has descrito muy bien y lo has traído a mi memoria. Se nota que te debió impactar mucho todo aquello porque lo recuerdas con mucha precisión: D. Domingo, los regalos, el otro médico, D. Antonio, etc.
ResponderEliminarEs la Higuera que viví, anclada, parada en el tiempo y mi memoria de niño. No sé si será "vuestra" Higuera, porque, sin duda, lo habréis seguido viviendo de otra manera. Pero ahí está.
ResponderEliminarTe animo a que continúes narrando tu infancia, pues, sin lugar a dudas, el recuerdo, siempre bueno para la mente, te hará al propio tiempo rejuvenecer.
ResponderEliminarRealmente, Juan, yo me noto cada día más joven!... ¿ o no ?
ResponderEliminarGracias por tu comentario
Angel, estoy cada día más enganchada a tu blog, es como una novela por entregas y te vuelvo a felicitar porque además de lo bien que lo haces, es verdad que rejuvenece tanto a tí como a los que te leemos.
ResponderEliminarInsisto: porque somos jóvenes. Y, además, es primavera.
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