lunes, 18 de abril de 2011

HIGUERA, BUENO, HIGUERA DE LA SIERRA ( I )

1953, finales de Octubre. Mi padre ya está  en casa. Llevaba tiempo fuera, lejos, en una Academia, mamá dice que en Úbeda.  Ahora  ha venido y trae unos galones colorados; él dice que son de “cabo tomatero”. Los demás guardias ahora le dicen: “A tus órdenes “, como  él se lo decía antes al Cabo, solamente que él decía “a sus órdenes”. Pero ya no se va de servicio, porque dice que nos tenemos que ir a otro sitio. Nosotros vivimos en el cuartel de Mirabel, que es un pueblo de Cáceres.
Mi madre está embarazada, voy a tener un hermano o una hermana. Y, por lo visto,  es verdad que nos tenemos que ir a otro pueblo, ya el tercero desde que nací. Pero éste  de ahora está más lejos, mucho más lejos. Me lo han enseñado en el mapa del hule que tenemos en la camilla y está lejos de verdad. Dice mi madre que tardaremos un día entero en llegar en tren. No sé. Ni estoy contento ni no lo estoy; estoy con la cosa de lo que vaya a pasar y de lo que voy a conocer... Ya veremos.
Primeros días de Noviembre. Hace tres días salimos de Mirabel en tren a las tres de la madrugada. Mis padres habían deshecho la casa y lo habían facturado todo, así que tuve que dormir en otro pabellón hasta que me despertaron para ir a la estación. Lloraban cuando nos despedimos, sobre todo las mujeres. Mi madre se abrazaba a la Señora Ramona y a las otras… Es que hemos estado aquí cinco años.
Vine toda la noche pegado a los cristales de la ventanilla del tren, intentando ver. Mi madre me lo explicaba, que ella sí conoce todo esto porque el abuelo es ferroviario y ella ha viajado por aquí. Estaba un poco asustado porque me había dicho que teníamos que cruzar el Tajo que es un río muy grande, muy ancho y muy hondo  y no sabía qué haría el tren para ello. Luego… ¡claro!, un puente  de hierro más grande. Ya me quedé más tranquilo, se fue haciendo de día y me dormí. Es que yo nunca había salido de Mirabel. Sólo para ir a la Estación de San Marcos donde viven los abuelos.
Un transbordo. Y otro. Así todo el día. Luego ya dejamos el tren y nos montamos en un coche de línea de Casal. Me gustaba más el tren, que podía andar por el vagón. Y llegamos a nuestro nuevo pueblo. De noche, era ya muy de noche. Me bailaba el suelo según andaba por la casa y, al sonarme, se quedaba todo el pañuelo negro de carbonilla.
Como nuestros muebles llegarán dentro de 15 días, me tendieron en una sala  un colchón y me quedé dormido. Según me dicen, he estado dormido toda esa noche, el día de ayer entero  y me desperté hace un rato, así que he salido a ver esto antes de que ponga mi madre la comida.
Es un cuartel más grande que el de Mirabel. Tiene un patio bonito, con pozo, flores, lavaderos, huertos…y sitio para jugar. Ya tengo amigos. Nuestro pabellón está en el patio, un poco sólo, pero bien. Y el que manda es un Sargento, que yo no los había visto nunca. Parece que le gustan los niños pero no quiere que demos la lata.
Los niños van a la Escuela, así que dice mi padre que irá a hablar con el Maestro, a ver si ya mañana puedo ir yo también. El que me toca se llama Don José. Ya veremos.
Ah! Mi pueblo de ahora se llama Higuera, bueno, Higuera de la Sierra. Y es de Huelva, que está muy lejos de mis abuelos en Extremadura. Aquí los niños hablan de otra manera y, a veces, no los entiendo. El cuartel está al borde de la carretera así que veo pasar más coches que en Mirabel. Hay que cruzar con cuidado la carretera para ir a jugar a las Casas Baratas.
Otro día cuento más. Iré apuntando para que no se me olviden las cosas, así que me voy a ver a mis nuevos amigos un rato. Todavía no me sé muy bien sus nombres, pero ellos ya sí me conocen a mí. Me llaman “ el hijo del Cabo”.

5 comentarios:

  1. ¿Este escrito lo has sacado de algún sitio?Un saludo

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  2. No, Luna. Ése era yo a esa edad. Y lo que seguirá, también. Ya me contarás por qué lo preguntas. Tan sól trato de recopilar lo que recuerdo aún de los muchos sitios en los que he vivido, de los que me traje un montón de cosas y, sobre todo, un inmenso agradecimiento.

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  3. Bonito escrito y sobre todo, basado en sucesos reales... Por esas fechas yo tenía 7 años; sabía leer y escribir perfectamente, ayudaba al maestro D. José del que tú escribes en la Unitaria nº 1, con los alumnos nuevos que apenas si dominaban el abecedario. Mi relación con el cuartel era muy buena; Se había ido D. Esteban el sargento y su hijo Estebita, con el que cazaba gorriones en el estercolero del cuartel. Mi amiga Rosi(murió muy joven), la hija de Prado, se reía constantemente y compartía conmigo la afición a los Tebeos, sobre todo los de "hadas". Aunque no recuerdo los detalles, un nuevo alumno en la Unitaria acapara toda nuestra atención. Se llama Ángel y efectivamente era "el hijo del cabo". Pronto mi amigo Pepuchete (José Cuaresma) y yo seríamos sus amigos.

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  4. Me encanta lo que has escrito, tienes una forma estupenda de trasladarnos a tu infancia, espero que nos sigas contando tus recuerdos así como lo haces.

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  5. Gracias por tu comentario. Lo haré, seguiré escribiendo de Higuera porque me gusta hacerlo. Continúa siendo un pueblo importante para mí.

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